Archive for April, 2012

UN PERRO NUEVO

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BUMBLE Y BABOUSCHKA

BABOUSCHKA

Los perros son como las personas; envejecen y se mueren, así que de vez en cuando hay que buscarse otro nuevo. Los hombres, por alguna extraña razón, suelen estirar la pata antes que las mujeres… Me pregunto si la Esposa me buscará un sustituto y dónde. Pero para un perro nuevo nosotros vamos a Albolote. Allí hay una perrera, un recinto enorme que alberga unos 300 perros. No matan a los perros si no viene nadie a adoptarlos; ellos- el equipo de voluntarios altruistas y heroicos- siguen cuidando, alimentando y paseándolos. Los que trabajan allí no cobran ni un duro y todo marcha gracias a una fundación benéfica. El caso es que el lugar está completamente abarrotado; no cabe ni un perro más, y, como consecuencia de la crisis económica se abandonan cada vez más perros. España es un país de perros abandonados y cada vez va a peor.

El jueves fuimos a recoger a Mami (el nombre que le pusieron ellos), un gran mastín blanco que vio la Esposa en su página web. Fue abandonada recientemente, tiene unos cinco años y es grande y muy afectuosa. Desde el jueves vive con nosotros en el cortijo con Bumble y Bao que también llegaron de Albolote. Los primeros días la paseamos con correa por el río… podría habernos abandonado y vuelto a Albolote; pero ahora conoce los tiros y le aterrizan las ovejas, por lo que ya la dejamos correr libre por allí. Me cuesta imaginarme algo más placentero que ver a un animal que ha sido maltratado, abandonado y restringido a una prisión de cemento empezar a comprender que ahora puede disfrutar de la libertad del campo. Se te queda grabada en el corazón la expresión de felicidad de sus caras y colas mientras corren río arriba y río abajo, olisqueando las cosas que olisquean los perros. Cuando salgo a pasear me gusta llevarme a un perro porque me parece que expresan el placer de una manera muy extraordinaria, y lo transmiten, a cualquiera que tenga ojos para ver, con sus colas. Así que si buscas un perro que te acompañe y llene tus solitarios paseos con alegría o que simplemente se estire a tus pies ante la chimenea, no malgastes buen dinero en razas caras, estos animales te necesitan.

Estaba claro que teníamos que cambiarle el nombre, ya que Mami no empieza por “B”. Ahora se llama Babouschka que es un poco largo pero bonito.

http://amigosdelosanimales.org.es/

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LA BABOUSCHKA

 

 


ESCORPIÓN EN ORPINGTON


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EL FAMOSO BAO

Sé que es de tontos, pero cuando llegas a mi edad (sesenta el año que viene, y vosotros tranquilos que ya os llegará a vosotros también) acabas desarrollando unas idiosincrasias absurdas. Una de ellas es que a los “doggs” (que, al igual que blogg, siempre escribo con dos “g”s) siempre les llamo los “dogmas”… y por extensión las ranas, “frogs”, son los “frogmas”. Sé que no es muy gracioso, pero a mí me entretiene.

Los “dogmas” son Bumble, la grande, y Bao, que fue abandonado bajo la lluvia helada, en una gasolinera de Granada, luego lo rescató una perrera, y acabó aquí. Bao se llama Bao porque rescatamos otro “dogg” el mismo día, al que llamamos Bil. Bil y Bao: Bilbao, la gran ciudad industrial del norte. A la gente que se rodea de animales le parece gracioso llamar a sus animales con nombres de ciudades. En Inglaterra teníamos una oveja llamada Orpington.

De este modo presento al protagonista de este “blogg”, el “dogg” Bao. Bao estaba revolcándose sobre la alfombra del salón, intentando, supongo, deshacerse del agasajo de alguna pulga. Observándolo me di cuenta de que tenía un escorpión sobre la panza. Lo aparté con mi babucha… momento en el cual desapareció. Me arrastré a gatas por la habitación, escudriñando por aquí y allí, pero fue en vano.

Se me olvidó rápidamente, y desayunamos con un escorpión reptando por debajo de la mesa y entre nuestros pies. Estamos acostumbrados a este tipo de cosas; siempre tenemos algún escorpión correteando por allí. En verano acechan bajo las piedras, disfrutando del calor y la sequía, que es lo que más les gusta, pero en otoño les gusta entrar a la casa, al igual que todos los demás arácnidos del valle.

En verano a Ana, la Esposa, le picó en el codo un escorpión… en la cama. Debajo de la mesa del desayuno ya es grave, pero tenerlos en la cama connubial ya es otra cosa completamente diferente. Yo salté de la cama como un rayo en cuanto me lo dijo, y me quedé allí, en mis babuchas, temblando de miedo. No me iba a arriesgar a que el maldito escorpión se trasladase a mi lado de la cama e intentase algo conmigo… ¡ni en sueños!

Puede que sea oportuno aclarar que la picadura de nuestros escorpiones no es letal; no son los Pandinus africanus, una variedad de escorpiones africanos grandes y negros, (véase “Los almendros en flor”), sino que los Buthus occitanus  que son un tanto más manejables. Pero aún así su picadura no es de lo más placentera; Ana dijo que la picadura es parecida a la de un par de avispas, quizás un poco peor, y el dolor dura unas doce horas. Ella es muy estoica con las cosas así, actuó como si no hubiese pasado nada, excepto por el hecho de extraer al escorpión de la cama y dárselo a las gallinas. (Véase “Entre Limones” para conocer el relato de la curiosa relación entre el escorpión y la humilde gallina.)

Curiosamente, ambos tenemos la extraña convicción de que se puede mitigar contra este tipo de eventualidades mediante el mantenimiento de un buen karma. Con este fin Ana se dedica a salvar las avispas del bebedero de los “dogmas”, y yo salvé a un precioso abejorro azul de una muerte lenta en la piscina… después de lo cual me picó. Aún así mantengo una fe a ciegas en la invencibilidad, y me paseo descalzo por la casa a oscuras, consciente de que hay escorpiones esperándome por allí. Le presta un maravilloso repelús a mis deambulaciones nocturnas.

oooOOOooo

 

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ORTIGAS

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PARECEN AJOS SILVESTRES

En Billingshurst, el solariego ancestral, me encontraba visitando a la octogenaria madre. Viendo soleada la mañana del sábado, me dirigí al bosque, acompañado de bolsa de plástico, guantes de goma y tijeras de cocina. El bosque estaba cubierto de una alfombra verde oscura de campanillas por florecer y a punto de ello, algunas prímulas y celidonias esparcidas por doquier les mostraban el camino. Brillaba el sol, los mirlos cantaban y se oía el arrullo de las palomas torcaces. Se me olvida lo preciosa que puede ser Inglaterra.

Me desvié por un camino de barro, un bulevar de ajos silvestres; su olor aromatizaba el aire. Eso bastaría para empezar, así que cuidadosamente desraicé algunos de los delgados zarcillos decolorados de la renegrida tierra, y los metí en mi bolsa. Pronto encontré ortigas. Admito que me encontré salivando ante tal deliciosa posibilidad. Me desabroché el cinturón y lo pasé por las asas de la bolsa, me coloqué el apretado guante de goma y me puse manos a la recogida. Eran jóvenes y de un verde intenso, crecían a ras del suelo. A mi parecer todavía era temprano para coger ortigas, pero mejor aún tiernas que aquellas de semillas, fibrosas y asquerosas que se encontraría uno más tarde. En no más de veinte minutos ya tenía la bolsa llena de ortigas.

En el camino de vuelta con mi botín pasé por la farmacia. Quizás fuese por consecuencia de haber estado encerrado durante tres horas en un tubo de aluminio herméticamente sellado, encajado entre gente vociferando, tosiendo, moqueando y estornudando, (Easyjet Málaga-Gatwick) que empecé a sentir el primer ligero rasguño de un resfriado en la parte posterior de la nariz. Una enorme dosis de vitamina C es la única solución para este tipo de caso.

La farmacéutica me resultó bastante atractiva y ella parecía predispuesta a charlar un poco. Durante un rato hablamos de la vitamina C, tema sobre el cual no sé absolutamente nada.

”Linus Pauling”, le comenté, “se tomaba 9.000 mg de vitamina C al día, y mira lo que consiguió el.”

“¿Qué consiguió?” me preguntó

La verdad es que no estaba muy seguro, así que difuminé un poco el asunto enseñándole mi bolsa de ortigas. Pareció impresionada. Decidí llevarlo un poco más lejos:

“Los cogí para mi pobre madre anciana; no tiene nada que llevarse a la boca; además son muy buenas para sus viejos huesos y también para sus ojos, por lo que haré una sopa con ellas. Deberías probarla, la sopa de ortigas, está deliciosa”

Al salir vi a la atractiva farmacéutica sacudir la cabeza y secarse una lágrima del ojo.

Y bien deliciosa que estaba la sopa, acompañada de perfectos picatostes dorados y una espiral de crema agria rumana. Fue un plato maravilloso para el Día de la Madre… y bien barato también.

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PARECEN AJOS SILVESTRES