El día veintisiete — Ana, la mujer… y yo
Y luego llegó el 27 como bien sabía que iba a llegar. Desde luego, con la inevitabilidad de estas cosas, iba a ser la manera menos propicia para pasar un día que me puedo imaginar. Jugeteé con la idea de escribir sobre el día anterior — lo cual había sido lleno de acontecimientos — o el día después, e incluso — ¡Dios me libre! — de juntar retazos de otros días anteriores y subsecuentes, tejerlos y fingir que el resultado realmente fue mi día 27 de septiembre.
Desde un punto de vista numerológico la fecha 27/9/2025 es magia fuerte. No sería sensato fisgonear con ella; puede que sea algún justo castigo terrible e imprevisto.
Pues me enfrenté al toro, y aquí estoy empezando a grabar los eventos de aquel día tan normal y corriente. Tampoco tomé apuntes; no fue un día así, y cuando, por fin, llegó la noche, me encontré demasiado agobiado incluso para coger el bolígrafo, así que me apoyo en mi memoria. Al fin y al cabo solo fue ayer.
Fueron las primeras horas de ese día, desde la medianoche, empapado como estuve de vino y carne, que me derribaron. Acabó la noche con un pacharán en un intento vano de quemar algo del marrano que acababa de comer.